
Nevados Ojos del Salado con sus 6.893 msnm es el volcán más alto de la tierra, la máxima cumbre de Chile y la segunda más alta de todo el continente americano, solo es superado por el Aconcagua (6.959 msnm) por 66m.
El Llamado de la Cumbre: Tras las Huellas del Ojos del Salado
En noviembre de 2021, un objetivo audaz se clavó en mi calendario como un anclaje de roca: ascender el Volcán Ojos del Salado un año después. Al sondear mi círculo de cordada montañera, solo encontré promesas vacías; la voluntad flaqueó ante el compromiso real. Me enfrenté al dilema del montañista solitario: ¿emprender esta expedición en solitario?
A pesar de mi amplio background teórico, la falta de experiencia práctica en gran altura era un factor de riesgo ineludible. Las sombras de la patología de altura —desde el temido Edema Pulmonar de Altura (EPA) hasta el Edema Cerebral de Altura (ECA)— se cernían sobre mi determinación. Mi esposa, mi compañera de vida, impuso un veto innegociable: «No irás solo».
Así se activó el Plan C: la búsqueda de un operador. Los presupuestos se dispararon, justificados por la complejidad logística de una empresa de montaña que conecta Copiapó con el Refugio Lucero (antiguo Murray) a más de 300 kilómetros de aislamiento.
La solución llegó en febrero de 2022 en la figura de Carlos Mella, un guía de montaña del norte de Chile. Él y su equipo se convirtieron en el pilar logístico de mi expedición. Mi equipo técnico estaba casi completo, salvo por un saco de dormir de expedición con una temperatura confort de −20∘C y unos pantalones de alta montaña de triple capa. Con ingenio de montañista, resolví el déficit térmico de mi Talus Ts III (−9∘C confort) con un liner de +10∘C. En cuanto a los pantalones, la inversión de $700.000 era inviable, así que opté por una solución de capas: mis pantalones de rando más una primera capa, y el cubre-pantalón como cortavientos de emergencia.
La Forja del Andinista: Preparación y Accidente
Desde finales del verano de 2022, mi cuerpo entró en un riguroso régimen de preparación. Si bien mi estado físico era aceptable, mi meta era transformarme en una máquina de resistencia jajaja. La rutina incluía trail running (dos a tres veces por semana), ascensiones mensuales a cumbres significativas, rando intenso y cross-training en la elíptica. El Volcán Lanín (incluida una épica ascensión invernal en solitario 1 7h y 30m), Las Peinetas, el Volcán Villarrica y el Volcán Osorno fueron mis campos de entrenamiento. No obstante, sabía que una excelente condición física de base es solo una pieza en el engranaje del éxito en altura.
La confianza estaba en su punto de cumbre, la mente optimista y el cuerpo preparado. Pero la montaña, a veces, nos recuerda su jerarquía. El 2 de septiembre de 2022, la fatalidad golpeó durante una de mis incursiones en solitario: un accidente con graves consecuencias. Un esguince de tobillo Grado III (izquierdo), un Grado II (derecho), esguince de hombro, y tres fracturas no desplazadas en mi mano izquierda, sumado a cortes de los piolet técnicos en ambas piernas.
El auto-rescate fue una hazaña brutal que agravó mis lesiones. A mis 44 años, sin historial previo de lesiones, subestimé la gravedad. Creí en una recuperación de semanas, pero seis semanas de fisioterapia y el dolor persistente al pisar el tobillo izquierdo me enfrentaron a la realidad. Faltaban apenas cuatro semanas para la ventana de Ojos del Salado. Mi kinesióloga fue contundente: el 14 de noviembre era un plazo inalcanzable para una carga de ese nivel.
Cambio de Estrategia: Flexibilidad y Adaptación
La fecha se acercaba, y aunque mi mente tejía escenarios de incertidumbre («Solo es un trekking, no tan técnico…» seguido de «Nunca he pasado los 4.000 msnm…»), la idea de abortar misión jamás cruzó mi mente. El temor al rescate en caso de lesión a más de 6.000 metros era real. Decidí que la ventana de ascenso de cinco días en noviembre era una insensatez dadas mis condiciones.
Llamé a Carlos y aplacé mi participación para la expedición de diciembre, con una programación más pausada de 10 días.
Llegó la última semana de noviembre y, tras 80 días de inactividad física forzosa, me encontré en la línea de base de la preparación. Mi última prueba de fuego fue el Volcán Osorno. Vendé el tobillo, tomé un Ibuprofeno y le mandé. Alcanzamos la cumbre, pero el esfuerzo físico fue ajeno al de «la máquina» que había construido: la fatiga y los calambres en el descenso evidenciaban la pérdida de rendimiento.
Fue en el descenso cuando presencié un evento que re-significó mi propia vulnerabilidad: dos personas cayeron de la colada cerca de la cumbre. La joven, incapaz de lograr la autodetención en el hielo durísimo, arrastró a su compañero. Se deslizaron a gran velocidad en línea recta por 500 metros, un evento milagroso que no terminó en tragedia. Verlos caer, justo al salir de mi propio accidente, fue un golpe mental. Aún me quedaba descender esa misma pendiente congelada.
La Marcha al Altiplano: Aclimatación y Días de Refugio
El 8 de diciembre de 2022, mi marcha de aproximación comenzó con un vuelo desde Temuco. Mi tobillo aún está en proceso de sanación, pero la hora había llegado. En Copiapó, la cordada se consolidó: Georgette, Carlos y Matthew, un montañista estadounidense con el Aconcagua en su currículum. Yo era el novato en la altitud extrema.
La fase de aclimatación se inició en el Refugio Maricunga en Laguna Santa Rosa (∼3.800 msnm). El mismo día realizamos un trekking de aclimatación de 7 km a un cerro satélite (∼4.250 msnm).
Día 1: El Test de Resistencia
El 10/12/2022 encaramos el Cerro Siete Hermanas (4.868 msnm). El recorrido de 15 km de ida y vuelta supuso el primer contacto real con la altura, que se sintió leve en la cima. Mi tobillo respondió sorprendentemente bien. Sin embargo, mis botas de trekking La Sportiva (Trango Trek Micro Evo GTX) me pasaron factura con dolorosas ampollas en los talones. Un error de planificación que subsané, para el resto de la expedición, usando mis botas de alta montaña, una elección sublime.
Día 2: Base Camp Lucero
El 11/12/2022 nos trasladamos al Refugio Lucero (4.500 msnm). Bajo un manto de nubes, viento y una ligera nevada, el Ojos del Salado se reveló, majestuoso y nevado. Lo primero fue un análisis visual de la ruta de ascenso. En el refugio, la camaradería se sintió entre proyectos notables: los slackliners por un récord mundial, la CordadaZero en su reto de los 18 Seismiles de Atacama, y una familia que buscaba la máxima altitud en bicicleta. Aproveché el atardecer para la meditación activa, absorbiendo la belleza salvaje del Desierto de Atacama, rodeado de seismiles. Esa noche, leyendo las inscripciones de otros montañistas en el techo, pegué el logo de mi emprendimiento (Parque Saltos Pocolpén), afirmando mi presencia.
Día 3: Barrancas Blancas y Duda
El 12/12/2022 realizamos la aproximación al Barrancas Blancas (cumbre a 6.119 msnm). A pesar del itinerario entre acarreo, morrena y penitentes, mi tobillo protestó con intensidad al acercarme a los 5.750 msnm. Prioricé el objetivo principal y me reservé. La frustración me asaltó en el refugio: ¿Había sido imprudente venir lesionado? La nostalgia y la preocupación por mi rendimiento, sumadas a las noches de sueño interrumpido por la altitud, me hacían temer que mi cota límite estuviera por debajo de los 6.893 metros.
Día 4: Última Parada – Refugio Atacama
El 13/12/2022 nos instalamos en el Refugio Atacama (5.200 msnm). Sorprendentemente deshabitado, nos aseguramos un descanso óptimo antes del asalto. Dormí profundamente, protegido del frío: la última gran noche de descanso antes del día de cumbre.
El Asalto Final: La Voluntad a 6.893 Metros
Día 5: La Jornada de Cumbre
El 14/12/2022 amanecí con la mente clara y la motivación al máximo. Tras el desayuno, el 4×4 nos llevó hasta el Refugio Tejos (5.893 msnm). Iniciamos la ascensión a las 5:30 a.m., con una sensación térmica de −18∘C. Hasta los 6.100 msnm, mi ritmo fue sostenido, la hipoxia apenas perceptible. Pero al tomar la línea de máxima pendiente sobre los 6.200 msnm, el escenario cambió: el dolor de cabeza se intensificó con cada paso, un síntoma inequívoco del Mal Agudo de Montaña (MAM).
Llegamos al cráter (6.730 msnm). Georgette y Matthew se detuvieron allí. Carlos estaba ∼500 m más arriba, en el inicio de las cuerdas fijas. Le informé a Georgette mi intención de continuar. Me sentía terrible: el dolor de cabeza como un cinturón de acero, el tobillo lacerado, la falta de oxígeno devastadora. Pero el punto de no retorno mental había sido cruzado. No había recorrido 1.800 km para quedarme a 163 metros de desnivel y 550 metros de distancia de mi objetivo.
Sabía que cuando el cerebro pide la retirada, el cuerpo aún retiene un 60% de su capacidad. De allí en adelante, fue fuerza de voluntad pura. Apenas había avanzado 40 m cuando recordé mi dispositivo InReach GPS, mi único nexo con mi esposa en Pucón. El riesgo de preocuparla por una señal estática me obligó a retroceder. Georgette y Matthew iniciaron el descenso. Yo retomé mi marcha de cumbre.
El mantra «Tú puedes, lo vas a lograr» se convirtió en mi compañero audible a cada paso, algo inédito en mi experiencia. La percepción de avance era lenta, una realidad confirmada por un cálculo posterior: mi velocidad de ascenso promedio en ese último tramo (incluyendo el trepe técnico de ∼40 m por las cuerdas fijas) era de apenas 5 metros por minuto.
Finalmente, alcancé a Carlos en las cuerdas fijas. Al tomar la cuerda y encarar la parte más técnica, una reserva de energía mágica me invadió. Subí sin problemas. Minutos después, estaba en el techo de Chile, en la cumbre del volcán más alto del planeta. En el libro de cumbre, dejé constancia de mi origen (currarrehuino, pocolpenino), y mi bandera (Parque Saltos Pocolpén) ondeó en cada refugio y en la cima.
La lección de montaña es clara: En todo objetivo de gran escala, las razones para abortar la misión siempre superarán en número a las de continuar. La tentación de escuchar esas «señales» de desistimiento es constante. Lo fundamental es poseer un deseo ferviente y disciplin. Solo con ella se inicia la preparación, se adquiere el conocimiento técnico y, lo más importante, se logra disfrutar la dureza del proceso.
¡Muchas gracias por leerme hasta acá!
Hugo Martínez Lagos
hmartinez@pocolpen.cl
@hmartinez.l
@pocolpen_aventura
Pocolpén, Curarrehue, Chile
PD: La aclimatación recomendada para los Ojos del Salado son 10 días
Equipo personal
- Botiquín de primeros auxilios
- Saco de dormir confort t° -9
- Colchoneta inflable
- Liner para Saco de dormir que aumentó la T° en 10 °C
- Colchoneta inflable
- Linterna frontal con recarga de pilas.
- Calentadores manos y pies (no los usé)
- Botas dobles de montaña.
- Bastones de trekking
- Crampones y piolet (no fue necesario, se debe estar atento al clima)
- Mochila 80 lts
- Mochila 35 para la cumbre
- Linterna frontal con recarga de pilas.
- Calentadores manos y pies (no los usé).
- Botas dobles de montaña. Llevé las G5 de La Sportiva
- Zapato de trekking de caña alta.
- Zapatilla liviana.
- Guantes liner
- Guantes polar
- Mitones
- 3 capas tren inferior
- 3 capas mixtas de algodón y sintéticas tren superior.
- Capa polar tren superior.
- Pluma tren superior larga y con alta capacidad térmica.
- Cortavientos impermeable y respirable.
- 1 Balaclava y 1 Buff.
- Gorros para frio
- Lentes de sol grado 3 o 4
- Jokey o visera
- Protector solar 50° no graso y que no irrite la vista.
- 3 medias de montaña para frio.
- 2 calcetines algodón.
- Comida liofilizada, yo llevé de la marca Back Country
- Agua
- Pastillas isotónicas














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